Cubanólogos
March 3rd, 2010 | 1 | No Comments »
Resulta que miremos donde miremos, sea a izquierda o a derecha, estos días se ha puesto de moda la figura del cubanólogo. A ambos lados del espectro ideológico ha surgido, a modo de exotismo ilustrado, el papel del experto en Cuba que, sin saber muy bien a quién representa, se harta de acudir a platós y tertulias radiofónicas para hacer de portavoz de quienes, posiblemente, ni siquiera sepan de su existencia.
El cubanólogo es, por definición, ducho en la materia cubana (que quizá se impartía como asignatura en la ESO, aunque aún estoy cerciorándome del dato) y, ante todo, incapaz de comprender que el de enfrente puede llevar algo de verdad.
Los hay Castristas y Anticastristas pero, lo que es más gracioso, es que se posicionen en uno u otro bando, ambos se erigen en defensores de la libertad.
La última salida de pata de banco fue la del actor Willy Toledo que, en un alarde de supina maestría en las cuestiones cubanas, no dudó en manifestar que Orlando Zapata, la última víctima de la represión castrista, no era más que un delincuente común. Hay que reconocerle al señor Toledo que, tras esa manifestación, añadió su repulsa por lo sucedido y determinó que la responsabilidad de aquella muerte era imputable al estado cubano, del que como preso dependía.
Yo creo que las declaraciones de Willy Toledo no fueron afortunadas. No voy más allá. Sin embargo, la derecha mediática, ha encontrado en este actor su particular muñeco del pin, pam, pum de la semana. Sólo hay que darse una vueltita por Intereconomía o Veo TV, para ver cómo se han centrado en él para llevar a cabo la maravillosa tarea de despellejar al de enfrente.
Como decía, cubanólogos los hay de ambos lados y, dentro de la derecha, más aún. Pero resulta que, si de por sí la figura del cubanólogo nace del más indecente de los paternalismos, en los cubanólogos de derechas esta circunstancia se acentúa hasta llegar a las más altas cotas de delirantes contradicciones.
Ahí tenemos a quienes cuando Garzón quiso empapelar a Pinochet, se encendían como una mecha al grito de “hay que dejar que Chile haga por sí misma su transición, sin injerencias”; aquellos mismos que han defendido públicamente la transición tranquila que se realizó en España -al menos ahora que es políticamente correcto decirlo, porque muchos de ellos ni siquiera creían en la transición cuando les tocó vivirla-; a todos los que miran hacia otro lado con Colombia, pero no dudan en volcarse contra Chávez; y todos ellos, al unísono, no dudan en reducir su coherencia a escombros y predicar con Cuba lo que no han hecho con otros casos. ¿Por qué? Pues muy fácil. Franklin Delano Roosevelt lo tenía claro y ellos también. Pinohet, Franco o Uribe serán unos hijos de puta, pero son sus hijos de puta.
ar lo acertado del lema. Es simple, fácil de recordar y, lo que es más importante, expone una identificación de términos que pretenden poner el mensaje tan mascado, que no sea necesario interpretar absolutamente nada. Simplemente, Incomunicación es igual a tortura.


Si es que no lo pueden evitar. Por mucho que traten de aparentar que han evolucionado, el Think Gaur -o el Tinglau, que es como mejor se le conoce- no ha dado mucho de sí.
Esto ya va camino de convertirse en una mala novela detectivesca en la que, siendo Aguirre la protagonista última, no me cabe la menor duda de que acabará siendo culpado el Mayordomo.