Macabras coincidencias (Más falta de vergüenza)
En esta escalada de la barbarie moral en la que el Partido Popular se ha empeñado en despeñarse, ahora aparece en escena un deslenguado Zaplana que, ni corto ni perezoso, se atreve a insinuar −eso sí, escondiendo después la mano que tiró el pedrusco− que si todo el arco parlamentario se une en contra de las propuestas del PP en materia antiterrorista, es porque trabajan al servicio de lo dictado en el último comunicado de ETA.
En realidad, no sé de qué nos extrañamos, si el argumento ya nos suena. Y es que, las confabulaciones judeomasónicas en contra de los próceres de la patria, siempre han constituido una idea recurrente para la ultraderecha española.
Pero, en esta lucha por decir la mayor burrada, Zaplana no está solo. ¡Qué va! Incluso Rajoy −alias, el mandado− quiso ayer asomar la cabecita en Marbella, tildando de stalinistas los pactos democráticos a los que, sus descabelladas acciones, obligan a llegar al conjunto de los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados −¡Qué mal le sienta la Democracia a nuestra derechona!−.
¿Cuándo aprenderá el Partido Popular que todo aquello que no sea lo que ellos afirman, no es sospechoso de nada más que de ser otra opinión expresada de forma libre? ¿Cuándo entenderán que creer que uno siempre lleva la razón y que los demás le persiguen, no es otra cosa que una enfermedad que los tratados de psiquiatría llevan años catalogando como manía persecutoria? ¿Cuándo dejará de insultarnos el Partido Popular?


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