Elijan ustedes: tantos por ciento o Democracia.
Pues parece que nuestro amigo Rajoy lo tiene claro: antes que la democracia están sus intereses partidistas.
Lo sé, lo sé. No es la primera vez que lo demuestra pero, por si nos quedaba alguna duda, el registrador de la propiedad de Santa Pola da fe de la naturaleza economicista de sus sólidos convencimientos democráticos.
Y es que a Rajoy no le salen las cuentas. No le salen, porque parte de una base equivocada: el poder, por definición, sólo es lícito si está en manos de la derecha. O, lo que es lo mismo, si esos rojos masonazos gobiernan, vale todo para impedir que lo hagan.
Sin embargo, su propuesta de que ningún partido pueda gobernar si no llega al 30% de los votos o de que si llega al 40% tenga que ser la fuerza que obligatoriamente gobierne, no ha contado, ni siquiera, con el favor de quienes, desde la emisora de la Santa Madre Iglesia, suelen apoyar cualquier barbarie con tal de que venga del PP.
Un ejemplo es el de Pedro J. que, desde las ondas católicas, enunciaba hoy mismo su creencia en la inconstitucionalidad de tal propuesta.
Inconstitucional o no -que, por cierto, lo sería-, lo verdaderamente preocupante es que, simplemente, Rajoy no se ruborice, ni siquiera un poquito, al decir, con otras palabras, me da igual lo que los ciudadanos elijan en las elecciones, yo sólo quiero asegurame gobiernos.
¿No sabe Rajoy que en Democracia gana quién más suma? En este sistema de "gobierno del pueblo" del que nos hemos dotado, los ciudadanos conservamos aún un mínimo de ideología. Cuando alguien vota a la izquierda, independientemente de cuál sea el partido por el que opte, tiene claro que prefiere un gobierno de izquierdas, compuesto por los múltiples partidos que la representan, que un gobierno de derechas que, a nivel de España, suele estar únicamente representada por el PP.
Qué pena señor Rajoy. Su propuesta es clarificadora. Clarificadora, porque manifiesta la incapacidad de llegar a pactos por la que pasa su partido; reveladora, porque pone de relieve la falta de compromiso democrático que le caracteriza; y, ante todo, penosa porque... poesía eres tú.

