Así nos quedamos unos cuantos ayer al oír la noticia de que la empresas inmobiliarias caían en la bolsa estrepitosamente.
Sí, ya se que, al final, seguro que acabamos siendo los curritos los que pagamos el pato de un desplome de ese tipo, pero me atrevería a jugarme una caña con quien lo desee a que ayer, la gran mayoría de los jóvenes españoles, nos quedamos pegados a la tele cruzando los dedos por que éste fuera el principio del fin.
Necesitamos una solución. El mercado inmobiliario está imposible.
Hay quienes dicen que “los jóvenes se quejan de todo” o que “yo cuando era joven también lo tuve difícil”. Y no lo niego. De hecho sería un escándalo negar la dificultad a una generación, como la de nuestros padres y abuelos, que vivieron la Guerra Civil y la Dictadura Fascista de Franco. Pero es que no se trata de eso. No es una competición por ver quién ” las pasó más putas” para desarrollar su vida.
Se trata de que nos están timando. Y nos timan a todos. A los jóvenes trabajadores que no llegan a los mil euros de salario y nos piden dosmil de hipoteca; timan a quienes creen inocentemente que, porque su casa valga 40 millones de pesetas más que cuando la compro, es millonario (porque no tiene nada, a no ser de que disponga de una tercera vivienda con la que sí podría especular).
Las noticias son buenas. Parece que el Gobierno de Zapatero ha conseguido, al menos, frenar los incrementos de precio en vivienda y, por lo que parece, sus compromisos con la vivienda van más allá. Ahora, sólo hace falta que Madrazo haga su trabajo aquí en Euskadi.
Ayer, estoy seguro, miles de jóvenes cerramos los ojos e imaginamos un futuro en el que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”. (Artículo 47 Constitución española).
Y tras las vacaciones de Semana Santa, por fín, volvemos a la carga. La verdad es que esta última semana ha dado para mucho -para muchísimo-. Podríamos empezar por la compra de documentación electoral que se ha destapado en el PP de Melilla; o, si lo preferís podríamos dedicarnos a analizar la caída a lo más bajo de la pocilga en la que el PP se ha metido gracias a las contradicciones y tonterías que el señor Díez de Mera ha protagonizado cargándose, él solito, la poca credibilidad que podía tener la teoría conspirativa que los gerifaltes del PP habían montado en torno al 11M.
Pues sí, esta es una sede más del PSOE, atacada por esa gentuza que se niega a oír lo que la sociedad española, una y otra vez, repetimos sin cesar: ¡No a cualquier tipo de violencia!