La hora de la verdad
June 4th, 2008 | Uncategorized | 10 Comments »
Es curioso pero, esta vez, Ibarretxe no nos ha pillado desprevenido a ninguno. Todos hemos sido conscientes de una maniobra electoralista que, hoy por hoy, ha culminado en la presentación de dos preguntas absurdas, más dignas de una encuesta telefónica del servicio de atención al cliente de Carrefour, que de una consulta popular o cualquier otro cincunloquio que quiera ocultar la palabra referendum.
Los ciudadanos, cuando votan cada cuatro años, lo hacen para que sus representantes les planteen respuestas, no preguntas. Si el Lehendakari no es capaz de darse cuenta de algo tan elemental como esto, debería aceptar sus limitaciones e irse a su casa sin esperar ni un sólo minuto más.
La “consulta” de Ibarretxe, no plantea dos preguntas. No, esa es su forma de presentación a la sociedad pero, más allá de las cuestiones planteadas en ellas, son un plante a las reglas del juego democrático del que nos hemos dotado.
En primer lugar es un insulto a los propios ciudadanos, puesto que en vez de aceptar el panorama político que nosotros hemos configurado con nuestros votos, se niega a debatir con los partidos políticos representados en el Parlamento Vasco, pegando la primera bofetada en la frente a la institución que representa la soberanía popular de los vascos.
En segundo lugar, el Proyecto de Ley en el que lo recoge, es un enjendro normativo que no aguanta, jurídicamente, ni el examen de un alumno de primero de Derecho. Mezcla churras con meninas, crea derechos fundamentales y viola el orden de fuentes de nuestro sistema.
Pero, lo más triste, es un insulto al nacionalismo vasco. Ibarretxe, en esta huida hacia adelante que las dos preguntitas significan, no ha dudado en cargarse el poco prestigio que le quedaba al PNV como partido de orden capaz de gestionar la sociedad vasca. Ibarretxe ha dilapidado el tesoro de una educación pública envidiable, de una osakidetza saneada, etc… que otros le dejaron.
De su “consulta” sólo puede resultar una afirmación: es la hora del cambio.
Los ciudadanos, cuando votan cada cuatro años, lo hacen para que sus representantes les planteen respuestas, no preguntas. Si el Lehendakari no es capaz de darse cuenta de algo tan elemental como esto, debería aceptar sus limitaciones e irse a su casa sin esperar ni un sólo minuto más.
La “consulta” de Ibarretxe, no plantea dos preguntas. No, esa es su forma de presentación a la sociedad pero, más allá de las cuestiones planteadas en ellas, son un plante a las reglas del juego democrático del que nos hemos dotado.
En primer lugar es un insulto a los propios ciudadanos, puesto que en vez de aceptar el panorama político que nosotros hemos configurado con nuestros votos, se niega a debatir con los partidos políticos representados en el Parlamento Vasco, pegando la primera bofetada en la frente a la institución que representa la soberanía popular de los vascos.
En segundo lugar, el Proyecto de Ley en el que lo recoge, es un enjendro normativo que no aguanta, jurídicamente, ni el examen de un alumno de primero de Derecho. Mezcla churras con meninas, crea derechos fundamentales y viola el orden de fuentes de nuestro sistema.
Pero, lo más triste, es un insulto al nacionalismo vasco. Ibarretxe, en esta huida hacia adelante que las dos preguntitas significan, no ha dudado en cargarse el poco prestigio que le quedaba al PNV como partido de orden capaz de gestionar la sociedad vasca. Ibarretxe ha dilapidado el tesoro de una educación pública envidiable, de una osakidetza saneada, etc… que otros le dejaron.
De su “consulta” sólo puede resultar una afirmación: es la hora del cambio.