Los que me conocen, saben que ni soy un antiyanki furibundo, ni un pro USA reconocido. Más bien me gusta mantenerme a la expectativa de un país que no deja de sorprenderme.
Los europeos, al igual que el resto de los occidentales, hemos sucumbido ante una imagen de la cultura norteamericana que poco tiene que ver con la cultura en sí, y mucho con el fast food, la obesidad mórbida, el extremismo religioso y la Asociación Nacional del Rifle.
Pero con todo, EEUU, no ha perdido su capacidad para sorprendernos a todos sea en ocasiones para bien, sea en otras para mal.
Ayer mismo, en mi caso, lo hizo para bien.
Como todos sabéis, Bush y su Gobierno están como locos por aprobar el Plan de Inyección de Capital para aliviar la Crisis. Un Plan que, en principio, contaba con el beneplácito de los “aparatos” de los dos partidos (Republicanos y Demócratas). Sin embargo, ayer mismo, los Congresistas de dichos partidos -aunque por motivos muy diferentes unos de otros- tumbaron dicho Plan y se pasaron por el arco del triunfo las directrices de sus partidos, sabiendo que la mayoría de la población norteamericana no está a favor del mismo.
Y a qué se debe este plante de los congresistas. Pues claramente, a que el sistema electoral norteamericano hace que los representantes públicos se deban únicamente a los electores de su circunscripción, puesto que incluso la designación como mero candidato, depende de los ciudadanos y no de las estructuras de los partidos.
Como veis, además de las hamburguesas, EEUU tiene un sistema democrático que, aunque totalmente corrompido, en su esencia es mucho más puro que el español. En EEUU, por elegir, se eligen hasta los jueces y fiscales mediante elecciones.
Sin duda alguna, sólo cuando el pueblo es el único juez, cabe una verdadera división de poderes.