Ayer me quedé un tanto perplejo cuando al leer la edición digital de El Mundo me encontré con el siguiente titular Urkullu confía en que el PNV aplaque los ecos de los presuntos casos de corrupción.
Ya el titular, que no deja de ser el resumen de las palabras de Urkullu, esquematiza de forma clara y contundente la que ha venido siendo la estrategia del PNV ante estos casos de corrupción. Lo que le molesta al PNV no es su propia corrupción interna ─con la que, como todo apunta, ha venido conviviendo tranquilamente long, long time ago…─ sino que, como dirían castizamente, su mierda se esté lavando fuera de casa, en este caso, fuera de Sabin Etxea.
Si seguíamos leyendo la noticia, encontrábamos perlas como que el ¿líder? jeltzale aseguraba que por lo menos en lo que respecta a la información de la que hasta el momento disponemos, el PNV no tiene nada que ver con estos casos.
Hay quien diría que no hay mayor ciego que el que no quiere ver, pero la verdad es más triste que todo eso. Si el señor Urkullu y el resto de dirigentes del PNV se conformaran con tomarse el pelo a sí mismos, poco podríamos decir. Sin embargo, estas palabras responden a una campaña orquestada para seguir llamando estúpida a toda la ciudadanía vasca.
La experiencia democrática nos ha enseñado, entre otras cosas, que la sociedad no perdona a quienes no asumen sus problemas internos y hacen limpieza. Es día 31 de Enero de 2011 y el PNV sigue sin asumir sus responsabilidades por los casos de corrupción que están investigando los tribunales y el Parlamento Vasco.